Se dice frecuentemente que el agua es vida, pero la dificultad de acceder a agua para los habitantes de Lubumbashi me preocupa.
Me llamo Ernest Ngongo. Vivo en el barrio Kalubwe en Lubumbashi. Tras de su independencia la República Democrática del Congo sufrió de la privación de infraestructura para el acceso a agua potable a causa del aumento exponencial de la población.
Se estima que sólo el 30% de la población tiene fácil acceso a agua potable de calidad, a pesar de que el país dispone de más del 50% de las reservas de agua del continente africano.
En mi barrio, cada mañana, los niños salen con sus cantimploras, cacerolas y sartenes en busca de una fuente de agua, recorriendo varios kilómetros. Esta agua, que generalmente no es potable, procede de un pozo (perforado o excavado a mano), de una fuente menos desarrollada, de un río, etc.
Las enfermedades diarreicas y transmitidas por el agua, la degradación de las fuentes de agua potable y la contaminación de las agua subterránea pone en peligro la salud de la población y del ecosistema.
Algunos han encontrado una fuente de ingresos en este problema, y no dudan en pedir 100 francos por una cantimplora de 20 litros, un coste adicional a sus gastos diarios.
Convocamos al gobierno congolés para que tome conciencia de la gravedad de la situación e invierta masivamente en este sector antes de que la situación se desborde. ¡Más vale evitar que remediar, decimos!