
Cuando estábamos en el parque, pasando en bicicleta, de repente había algo, era blanco y pequeño, yo pensé que era un gatito, Aleyna pensó que era un conejo... En realidad, se movía entre unas hojas y cuando nos acercamos para acariciarlo, no era nada de eso, ni un gatito, ni un conejo... solo una bolsa de plástico.
Así que decidimos seguir pedaleando... y ahí estaba, un pequeño pájaro, un pájaro rojo, y nos acercamos de nuevo para hacer fotos, y de nuevo no era un pájaro, solo era una mascota de zumo rojo. Entonces paramos, y empezamos a mirar a nuestro alrededor, y realmente pensamos que estábamos rodeados de naturaleza, y de animales que vivían y respiraban, felizmente vivos. Empezamos a darnos cuenta de que nada era natural, solo eran residuos. Estábamos compartiendo el parque no con animales, sino con basura y desperdicios.

Encontramos a un niño jugando en el parque, pero no estaba disfrutando de la naturaleza, no estábamos disfrutando de la naturaleza. ¿Cómo podemos crecer en un mundo en el que la naturaleza es sustituida por nuestra propia basura? Y surgió una idea en nuestras mentes: utilizaremos estos residuos para darles una nueva vida, haciendo objetos útiles o incluso arte.
Traducción realizada por Emmanuella A. Kyereme, estudiante de la VUB